El 28 de mayo en el Teatro de Flores se producirá un encuentro entre dos integrantes originales y la presencia de Chizzo Napoli.
Después de 33 años de haber registrado su único cd, Aeroblues vuelve a los escenarios.
Será un encuentro único que contará con Rolando Castello JR. y Alejandro Medina (Baterista y bajista originales de la banda), a ellos se sumará Gustavo "Chizzo" Nápoli (cantante y guitarrista de La Renga) y Claudio Rodríguez (actual guitarrista de la Medinight Band), más artistas invitados.
En una velada histórica si se tiene en cuenta la dimensión del hecho se ejecutarán los 10 temas de la placa homónina y varios clásicos del rock nacional.
Chizzo tendrá la difícil tarea de suplantar la guitarra de Norberto "Pappo" Napolitano, fundador del grupo, quién desde el cielo seguramente estará dando la venia a dicha reunión.
Maximiliano Ucotich
Discos recomendados, recitales y alguna que otra cosa interesante que ande dando vueltas por ahí
sábado, 8 de mayo de 2010
viernes, 2 de abril de 2010
Korn en Argentina
La banda de Jonathan Davis hará escala en nuestro país el 18 de abril.
Luego de su visita al Quimles Rock 2008, Korn viene nuevamente a la Argentina como parte de su gira Latinoamericana y se presenta en el Estadio Luna Park el 18 de abril.
En un año de grandes visitas internacionales como lo fueron Metallica, Coldplay, BB, King y Guns´n Roses, entre otros, la llegada de Korn suma otro condimento interesante a la grilla de internacionales.
El tour por América Latina se inicia el 10 de abril en el Coliseo de Bogotá, Colombia y luego siguen por Ecuador, Perú y Chile, antes de llegar a nuestro país. La gira termina con un show en San Pablo, Brasil.
Los valores de las entradas para el show en el Luna Park son los siguientes
Super Pullman $ 220 + $ 22 (*)
Pullman $ 200 + $ 20 (*)
Pullman Lateral $ 140 + $ 14 (*)
Campo $ 120 + $ 12 (*)
Cabecera sin numerar $ 90 + $ 9 (*)
Maximiliano Ucotich
En un año de grandes visitas internacionales como lo fueron Metallica, Coldplay, BB, King y Guns´n Roses, entre otros, la llegada de Korn suma otro condimento interesante a la grilla de internacionales.
El tour por América Latina se inicia el 10 de abril en el Coliseo de Bogotá, Colombia y luego siguen por Ecuador, Perú y Chile, antes de llegar a nuestro país. La gira termina con un show en San Pablo, Brasil.
Los valores de las entradas para el show en el Luna Park son los siguientes
Super Pullman $ 220 + $ 22 (*)
Pullman $ 200 + $ 20 (*)
Pullman Lateral $ 140 + $ 14 (*)
Campo $ 120 + $ 12 (*)
Cabecera sin numerar $ 90 + $ 9 (*)
Maximiliano Ucotich
Divididos en el Luna Park
La presesentación oficial de "Amapola del ´66" será el 2 de junio en el templo del box.
Luego del show realizado en Tilcara el pasado 27 de marzo donde presentaron "Amapola del ´66" y tras ocho años de silencio discográfico; Divididos vuelve al Luna Park para presentación oficial de su último trabajo de estudio.
Previo a este show el grupo se presentará el 23 de abril en el Orfeo de Córdoba, volviendo así a los grandes escenarios, de los cuales se ha mantenido alejado en los últimos tiempos, más allá de los festivales en los que se ha presentado a lo largo y ancho del país.
Los precios para el show en el Luna Park son los suguientes:
Super Pullman $ 190 + $ 19 (*)
Pullman $ 150 + $ 15 (*)
Pullman Lateral $ 120 + $ 12 (*)
Campo $ 90 + $ 9 (*)
Cabecera sin numerar $ 60 + $ 6 (*)
Maximiliano Ucotich
Luego del show realizado en Tilcara el pasado 27 de marzo donde presentaron "Amapola del ´66" y tras ocho años de silencio discográfico; Divididos vuelve al Luna Park para presentación oficial de su último trabajo de estudio.
Previo a este show el grupo se presentará el 23 de abril en el Orfeo de Córdoba, volviendo así a los grandes escenarios, de los cuales se ha mantenido alejado en los últimos tiempos, más allá de los festivales en los que se ha presentado a lo largo y ancho del país.
Los precios para el show en el Luna Park son los suguientes:
Super Pullman $ 190 + $ 19 (*)
Pullman $ 150 + $ 15 (*)
Pullman Lateral $ 120 + $ 12 (*)
Campo $ 90 + $ 9 (*)
Cabecera sin numerar $ 60 + $ 6 (*)
Maximiliano Ucotich
martes, 30 de marzo de 2010
Nuevo disco de The Dead Weather

Por estos días se puede escuchar un adelanto del nuevo trabajo discográfico de The Dead Weather, el tema "Dye by the drop", el single de la placa Sea of Cowards que sale a la venta el 11 de mayo. A menos de un año de la publicación Horehound, el super grupo conformado por Jack White (The White Stripes), Allison Mosshart (The Kills), Dean Fertita (Queen of the Stones Age) y Jack Lawrence (Raconteurs), promete seguir con la misma línea musical densa que mostró su primer trabajo. Horehound fue señalado por la prensa especializada como el mejor disco del 2009.
Maximiliano Ucotich
Vuelve Megadeth

La banda liderada por Dave Mustaine se presentará el 28 de abril en el Estadio Luna Park de la mano de su último disco "Endgame". Las entradas se ponen en venta a partir del 31 de marzo para clientes del Banco Francés y arrancan desde los 120 pesos. Para el público general la venta se inicia el 8 de abril.
A diferencia de lo que ha sucedido en la gira por Estados Unidos, se cree que el grupo no interpretará el disco “Rust In Peace” en su totalidad (Placa que cumple 20 años por estos días).
Maximiliano Ucotich
jueves, 25 de marzo de 2010
Me siento mucho mejor
Charly García retornó al Luna Park (escenario que conoce muy bien) y dio el mejor concierto desde su gira de regreso que está en la última etapa. Hubo invitados de lujo, clásicos y hasta el estreno de un tema nuevo.

Miércoles 17 de marzo, 18 horas me apresto a salir de casa para ver una vez más a García en acción y nuevamente sucede lo mismo: ¡¡¡la lluvia!!!. El mismo condimento que dio un toque mágico en la noche de Vélez el 23 de octubre de 2009 y que nos mojó hasta los huesos (poco importó dado el evento en cuestión). Esta vez no importaba, Charly se presentaba en el Luna Park y por suerte el templo del box ¡es techado!.
A las 21hs ingresando al estadio, la lluvia se hacía sentir y mucho; las calles estaban inundadas y la gente en pose “bailarín de ballet”, hacía lo imposible para saltar desde el cordón hasta un lugar en la calle en la cual no corriera el agua. Los paraguas estaban presentes por doquier mientras los vendedores ofrecían su mercancía “Say no More”.
Una vez adentro, la idea fue rondar varios minutos por el sector de butacas para poder ubicarnos bien. Eran las 21.15hs y los mejores lugares en teoría ya estaban ocupados. Hurgando bastante, hallamos un sector que por suerte estaba vacío. Mediante charlas cordiales con algunos asistentes al concierto, pudimos conseguir nuestro objetivo y la ubicación conseguida fue realmente excelente si tenemos en cuenta la hora.
Cuarenta minutos después finalizó el ingreso de gente, todos estaban apostados en sus lugares a la expectativa de lo que depararía un nuevo show de Charly en Capital.
El escenario estaba cubierto por telas blancas en los laterales y una inmensa de frente que lo tapaba en su totalidad, no podía visualizarse nada de lo que pasara detrás de las mismas. A las 22.15 el misterio llegó a su fin, las luces se apagaron y comenzó a sonar Operación densa y tras las telas se vieron las primeras animaciones de la noche, figuras que iban a contraluz de un lado a otro y que abruptamente se cortaron; las telas desaparecieran por arriba del tablado y los músicos que en escena vestidos de astronautas, segundos después los mismos fueron desechados y empezó a sonar Demoliendo hoteles, inmediatamente apareció Charly y gritó: “Buenas noches, ¡!Say no More!!” y desató el delirio de la gente.
Le siguió Promesas sobre el bidet y Rap del exilio donde García ensayó unos pases de baile y tiró la primera humorada de la noche al citar las primeras palabras del tema: “Tuve un amor en Paraguay, una flor que se quemó mal (¡¡¡¡Está hablando del faso!!!!)”, haciendo referencia al esketch de Diego Capusotto sobre sus metáforas de la marihuana. Siguiendo en esa línea comparativa de personajes de Capusotto, Pomelo hubiera encajado perfectamente tiempo atrás en el mundo García. A lo largo de los últimos tiempos Charly se mostraba como una persona incoherente, carente de sentido, confuso, creyéndose LA estrella de rock & roll pero en realidad rozando la decadencia. El escándalo ganaba peso y dejaba de lado lo estrictamente musical. Eso mismo refleja Pomelo, del cual todos reímos por sus payadas. Hoy esos fantasmas están en un pasado por suerte lejano y Charly brilla nuevamente en los grandes escenarios. Poco a poco recupera el status de un músico que escribió (junto a Spinetta, Pappo y otros) las más grandes páginas de nuestro rock.
“¡Se viene la revolución!” gritó y sonó Cerca de la revolución, donde la cada-vez-suena-mejor guitarra del Negro García López, brilló con un esplendido fraseo.
Muchos elementos para la puesta en escena del show en Vélez Sarsfield no pudieron ser utilizados debido al temporal que azotó la noche del show, aquí en el Luna Park algo de esa parafernalia pudo llevarse a cabo. Había llegado la hora de No soy un extraño y Charly se sentó sobre una tarima que se elevó por el techo del Luna Park. Una vez más decidió deformar la letra, al ya conocido “conozco esta ciudad”, lo reemplazo por “conozco el Luna Park”; y vaya si tiene razón. El músico es harto conocedor de ese estadio. De la mano de Sui Generis en 1975 colmó dos funciones en la despedida del dúo (convirtiéndose en el primer grupo de rock en llenar dicho lugar). Tiempo después en 1977, el recital con amigos que quedó registrado en el disco Música del alma, marcó otro hito en su historia. El dinero allí recaudado fue utilizado por el músico para viajar a Brasil y tiempo después crear Serú Girán. Como solista también se despachó con grandes actuaciones de la mano de Clics modernos (de 1983) y Piano bar (de 1985).
Para descomprimir un poco el inicio festivo del show llegó una canción que erizó la piel de los presentes Filosofía barata y zapatos de goma, del disco homónimo, con la voz de Hilda Lizarazu elevándose a límites insospechados. En ese mismo orden siguió No te animas a despegar.
“A los que me quieren ver muerto que se vayan a la concha de su madre” (sic), dijo Charly antes de presentar un tema nuevo. “Tan nuevo que no se me la letra”, confesó. La medicina, mostró el Hammond del Zorrito Quintiero como valuarte principal de la mano de un buen soul.
Tras una potente Fanky, Charly se alejó de sus teclados y frente al micrófono tiró “Vamos a presentar al primer invitado de la noche, a un gran amigo” y entonces salió a escena León Gieco. Gran ovación para el músico que supo recorrer el país de Ushuaia a La Quiaca. Juntos hicieron Los salieris de Charly y ante cada entonación del estribillo “Somos del grupo los salieris de Charly y le robamos melodías a él”, un Charly con tono humorístico se preguntaba. “¿a mí?”. León se disponía a dejar el escenario pero la gente reclamó una canción más. “Bueno, este tema va fuera de lista y sepan que cuando fue hecho muchos de ustedes ni siquiera habían nacido” y sonó El fantasma de Canterville. Como si fuera un músico de los más ignotos, León Gieco se fue del escenario tocando su armónica bien bajito con cálidos aplausos y una ovación.
El amor espera y Rezo por vos (todos esperando la presencia de Spinetta una vez más como en Vélez) fueron los temas que sirvieron para desembocar en Yendo de la cama al living y Charly aprovechara para presentar a toda su banda, con especial énfasis en los músicos chilenos quienes están viviendo una situación difícil debido al terremoto y las constantes réplicas que han afectado al país.
El estadio se puso al mango cuando sonó Nos siguen pegando abajo. Luego vino la casi autobiográfica Influencia y Charly se despachó con una versión de Llorando en el espejo de Serú Girán.
Una mágica interpretación de Pasajera en trance mostró dos chicas paseando en arneses en las alturas del estadio. Minutos después sonaron Raros peinados nuevos y el clásico Me siento mucho mejor que levantó a todo el estadio. Luego vino Tu vicio y Charly presentó “un tema de cuando era moderno” y sonó Nuevos trapos (Correspondiente a Clics modernos). Del mismo disco, hizo Estoy verde y después No voy en tren. En este tema sucedió lo mismo que en Vélez, las luces del estadio se coraton abruptamente junto con la música y la gente coreó el estribillo durante minutos.
Los músicos salieron a escena después de ese intervalo para una falsa despedida, dos minutos después nuevamente estaban en escena para hacer Deberías saber porque.
Cuando creíamos que ese otro invitado jamás llegaría Charly dijo “Voy a presentar a un colega, no voy a decir amigo, pero si un gran colega” y salió nada más ni nada menos que Pedro Aznar. Abrazo emotivo entre ambos, el espíritu de Serú Girán revivió por algunos minutos cuando hicieron Perro Andaluz, que mostró el talento del bajista. La gente reclamó otra canción más entre ambos Serú pero la lista del show debía seguir su curso, No se va a llamar mi amor fue lo que siguió y sin esperarlo Pedro Aznar retornó nuevamente al escenario. Hicieron un tema “sin ensayo” según palabras de los músicos ante la incertidumbre de la gente y los primeros acordes Seminare, desataron el delirio de todos los presentes.
Para el final del show, la potencia de Rock and Roll yo desató el pogo en todo el estadio y Charly se escudó detrás de sus dos guitarristas Kiuje Hayashida y el Negro García López mostrándolos como sus “ases de espada”.
Estaba claro que no había más tras ese tema, las luces del estadio se encendieron lentamente y todos los músicos se arrimaron al borde del escenario para saludar al público.
Say No More cumplió una vez más; se vio una banda cada vez más comprometida y un Charly con mayor tracción sobre el escenario. Mejoró su voz en comparación a Vélez y la interacción con el público fue aún mayor.
Queda una última fecha en el templo del box y será el 3 de abril. Luego el bicolor parte de gira hacia Israel y otras partes del mundo.
¿La próxima fecha en Buenos Aires? Uno quiere creer que será en octubre cuando el músico festeje su cumpleaños número 59.
Que así sea.
Maximiliano Ucotich

Miércoles 17 de marzo, 18 horas me apresto a salir de casa para ver una vez más a García en acción y nuevamente sucede lo mismo: ¡¡¡la lluvia!!!. El mismo condimento que dio un toque mágico en la noche de Vélez el 23 de octubre de 2009 y que nos mojó hasta los huesos (poco importó dado el evento en cuestión). Esta vez no importaba, Charly se presentaba en el Luna Park y por suerte el templo del box ¡es techado!.
A las 21hs ingresando al estadio, la lluvia se hacía sentir y mucho; las calles estaban inundadas y la gente en pose “bailarín de ballet”, hacía lo imposible para saltar desde el cordón hasta un lugar en la calle en la cual no corriera el agua. Los paraguas estaban presentes por doquier mientras los vendedores ofrecían su mercancía “Say no More”.
Una vez adentro, la idea fue rondar varios minutos por el sector de butacas para poder ubicarnos bien. Eran las 21.15hs y los mejores lugares en teoría ya estaban ocupados. Hurgando bastante, hallamos un sector que por suerte estaba vacío. Mediante charlas cordiales con algunos asistentes al concierto, pudimos conseguir nuestro objetivo y la ubicación conseguida fue realmente excelente si tenemos en cuenta la hora.
Cuarenta minutos después finalizó el ingreso de gente, todos estaban apostados en sus lugares a la expectativa de lo que depararía un nuevo show de Charly en Capital.
El escenario estaba cubierto por telas blancas en los laterales y una inmensa de frente que lo tapaba en su totalidad, no podía visualizarse nada de lo que pasara detrás de las mismas. A las 22.15 el misterio llegó a su fin, las luces se apagaron y comenzó a sonar Operación densa y tras las telas se vieron las primeras animaciones de la noche, figuras que iban a contraluz de un lado a otro y que abruptamente se cortaron; las telas desaparecieran por arriba del tablado y los músicos que en escena vestidos de astronautas, segundos después los mismos fueron desechados y empezó a sonar Demoliendo hoteles, inmediatamente apareció Charly y gritó: “Buenas noches, ¡!Say no More!!” y desató el delirio de la gente.
Le siguió Promesas sobre el bidet y Rap del exilio donde García ensayó unos pases de baile y tiró la primera humorada de la noche al citar las primeras palabras del tema: “Tuve un amor en Paraguay, una flor que se quemó mal (¡¡¡¡Está hablando del faso!!!!)”, haciendo referencia al esketch de Diego Capusotto sobre sus metáforas de la marihuana. Siguiendo en esa línea comparativa de personajes de Capusotto, Pomelo hubiera encajado perfectamente tiempo atrás en el mundo García. A lo largo de los últimos tiempos Charly se mostraba como una persona incoherente, carente de sentido, confuso, creyéndose LA estrella de rock & roll pero en realidad rozando la decadencia. El escándalo ganaba peso y dejaba de lado lo estrictamente musical. Eso mismo refleja Pomelo, del cual todos reímos por sus payadas. Hoy esos fantasmas están en un pasado por suerte lejano y Charly brilla nuevamente en los grandes escenarios. Poco a poco recupera el status de un músico que escribió (junto a Spinetta, Pappo y otros) las más grandes páginas de nuestro rock.
“¡Se viene la revolución!” gritó y sonó Cerca de la revolución, donde la cada-vez-suena-mejor guitarra del Negro García López, brilló con un esplendido fraseo.
Muchos elementos para la puesta en escena del show en Vélez Sarsfield no pudieron ser utilizados debido al temporal que azotó la noche del show, aquí en el Luna Park algo de esa parafernalia pudo llevarse a cabo. Había llegado la hora de No soy un extraño y Charly se sentó sobre una tarima que se elevó por el techo del Luna Park. Una vez más decidió deformar la letra, al ya conocido “conozco esta ciudad”, lo reemplazo por “conozco el Luna Park”; y vaya si tiene razón. El músico es harto conocedor de ese estadio. De la mano de Sui Generis en 1975 colmó dos funciones en la despedida del dúo (convirtiéndose en el primer grupo de rock en llenar dicho lugar). Tiempo después en 1977, el recital con amigos que quedó registrado en el disco Música del alma, marcó otro hito en su historia. El dinero allí recaudado fue utilizado por el músico para viajar a Brasil y tiempo después crear Serú Girán. Como solista también se despachó con grandes actuaciones de la mano de Clics modernos (de 1983) y Piano bar (de 1985).
Para descomprimir un poco el inicio festivo del show llegó una canción que erizó la piel de los presentes Filosofía barata y zapatos de goma, del disco homónimo, con la voz de Hilda Lizarazu elevándose a límites insospechados. En ese mismo orden siguió No te animas a despegar.
“A los que me quieren ver muerto que se vayan a la concha de su madre” (sic), dijo Charly antes de presentar un tema nuevo. “Tan nuevo que no se me la letra”, confesó. La medicina, mostró el Hammond del Zorrito Quintiero como valuarte principal de la mano de un buen soul.
Tras una potente Fanky, Charly se alejó de sus teclados y frente al micrófono tiró “Vamos a presentar al primer invitado de la noche, a un gran amigo” y entonces salió a escena León Gieco. Gran ovación para el músico que supo recorrer el país de Ushuaia a La Quiaca. Juntos hicieron Los salieris de Charly y ante cada entonación del estribillo “Somos del grupo los salieris de Charly y le robamos melodías a él”, un Charly con tono humorístico se preguntaba. “¿a mí?”. León se disponía a dejar el escenario pero la gente reclamó una canción más. “Bueno, este tema va fuera de lista y sepan que cuando fue hecho muchos de ustedes ni siquiera habían nacido” y sonó El fantasma de Canterville. Como si fuera un músico de los más ignotos, León Gieco se fue del escenario tocando su armónica bien bajito con cálidos aplausos y una ovación.
El amor espera y Rezo por vos (todos esperando la presencia de Spinetta una vez más como en Vélez) fueron los temas que sirvieron para desembocar en Yendo de la cama al living y Charly aprovechara para presentar a toda su banda, con especial énfasis en los músicos chilenos quienes están viviendo una situación difícil debido al terremoto y las constantes réplicas que han afectado al país.
El estadio se puso al mango cuando sonó Nos siguen pegando abajo. Luego vino la casi autobiográfica Influencia y Charly se despachó con una versión de Llorando en el espejo de Serú Girán.
Una mágica interpretación de Pasajera en trance mostró dos chicas paseando en arneses en las alturas del estadio. Minutos después sonaron Raros peinados nuevos y el clásico Me siento mucho mejor que levantó a todo el estadio. Luego vino Tu vicio y Charly presentó “un tema de cuando era moderno” y sonó Nuevos trapos (Correspondiente a Clics modernos). Del mismo disco, hizo Estoy verde y después No voy en tren. En este tema sucedió lo mismo que en Vélez, las luces del estadio se coraton abruptamente junto con la música y la gente coreó el estribillo durante minutos.
Los músicos salieron a escena después de ese intervalo para una falsa despedida, dos minutos después nuevamente estaban en escena para hacer Deberías saber porque.
Cuando creíamos que ese otro invitado jamás llegaría Charly dijo “Voy a presentar a un colega, no voy a decir amigo, pero si un gran colega” y salió nada más ni nada menos que Pedro Aznar. Abrazo emotivo entre ambos, el espíritu de Serú Girán revivió por algunos minutos cuando hicieron Perro Andaluz, que mostró el talento del bajista. La gente reclamó otra canción más entre ambos Serú pero la lista del show debía seguir su curso, No se va a llamar mi amor fue lo que siguió y sin esperarlo Pedro Aznar retornó nuevamente al escenario. Hicieron un tema “sin ensayo” según palabras de los músicos ante la incertidumbre de la gente y los primeros acordes Seminare, desataron el delirio de todos los presentes.
Para el final del show, la potencia de Rock and Roll yo desató el pogo en todo el estadio y Charly se escudó detrás de sus dos guitarristas Kiuje Hayashida y el Negro García López mostrándolos como sus “ases de espada”.
Estaba claro que no había más tras ese tema, las luces del estadio se encendieron lentamente y todos los músicos se arrimaron al borde del escenario para saludar al público.
Say No More cumplió una vez más; se vio una banda cada vez más comprometida y un Charly con mayor tracción sobre el escenario. Mejoró su voz en comparación a Vélez y la interacción con el público fue aún mayor.
Queda una última fecha en el templo del box y será el 3 de abril. Luego el bicolor parte de gira hacia Israel y otras partes del mundo.
¿La próxima fecha en Buenos Aires? Uno quiere creer que será en octubre cuando el músico festeje su cumpleaños número 59.
Que así sea.
Maximiliano Ucotich
viernes, 5 de febrero de 2010
Los Jinetes del Apocalipsis
Metallica regresó a la Argentina tras once años de ausencia para dejar bien en claro que la comunión con su público sigue intacta. Revivimos el primero de los dos históricos shows que brindaron en el estadio de River Plate en el cual no faltó (casi) ningún clásico.

En el mes de noviembre cuando se confirmó la noticia, se desató una verdadera revolución; Metallica regresaba al país tras once de ausencia. Inmediatamente comenzaron las dudas sobre una suspensión del show a último momento. Cabe recordar que en diciembre de 2003, el grupo iba a presentarse en el estadio de River Plate y un comunicado emitido por la banda un mes antes de dicho concierto dejó a miles de fanáticos masticando bronca: “Metallica cancela gira Sudamericana”. ¿El motivo de la suspensión?: cansancio y agotamiento físico. Los vaivenes musicales (conflicto Napster) y el cansancio creativo del grupo eran evidentes, sumado a los conflictos internos que derivaron en el alejamiento de Jason Newsted en el año 2000, fueron un caldo de cultivo ideal para que cerca de 60 mil fanáticos argentinos con entrada en mano (y quien sabe cuantos en el resto de Sudamérica), vieran trunca la posibilidad de ver a Metallica en el año 2003.
Es verdad que el tiempo sana las heridas, quizás el jueves 21 de enero la lesión haya quedado casi repuesta, y cerca de 45 mil personas acudieron a River Plate para vivir una noche memorable que desmenuzaremos en las siguientes líneas.
Cerca de las 15hs con un termómetro que marcaba arriba de los 32 grados arribamos a la terminal de micros de La Plata en búsqueda de un boleto hacia el Infierno. El colectivo que nos depositaría en la Avenida Paseo Colón se hacía rogar, su chofer parecía tener todo el tiempo del mundo, tal es así que cuando lo vimos llegar nuestras caras se mostraron sonrientes, pero el tipo como si nada subió con otra persona y automáticamente cerró la puerta. Su acompañante estaba devorando un pancho y en su mano izquierda portaba un agua saborizada que a esa altura era lo más parecido al tesoro de un faraón egipcio. Luego de unos minutos el chofer abrió las puertas y cargados de expectativas nos acomodamos en los últimos asientos del Costera para hablar largo y tendido sobre lo que depararía el recital.
A la hora de descender, el chofer lanza una frase: “Metallica loco, ¡aguante!”, inmediatamente devolvieron gentilezas: “De una chabón, aguante”.
Quedaba ahora el tramo más complicado, luego de una hora con aire acondicionado y bastante comodidad dentro de ese transporte, nos esperaba el 130 (que nos depositaría en las inmediaciones del estadio) y mostraría todo lo opuesto: ventanillas abiertas al máximo para que entre algo de aire, asientos más pequeños y transito complicado. El viaje hasta el estadio fue bastante largo y ese trayecto se pudo disfrutar de las bondades que el paisaje capitalino propone: Canal 7, El Planetario, el finísimo Hotel Sheraton, El club de los amigos, “¿Porqué no existirá El club de las amigas?” dijo alguien por ahí y la respuesta fue que esa idea no estaba mal y hasta podía ser factible y por supuesto que en dicho paisaje no faltó lo más importante: las chicas lindas.
“Cuando veamos que el ambiente se pone negro (en alusión a las remeras) va a ser la hora de bajarnos”; dijo un acompañante, y es que parada tras parada las remeras de Metallica empezaban a ganar en intensidad y el color negro era condición sine-quanon para ir al concierto pese al agobiante calor que estaba haciendo.
“!Entrada en mano chicos¡”, gritaba uno de seguridad mientras nos acercábamos a los controles para el cacheo. Una vez superados los mismos accedimos a la Platea Alta San Martín. La ansiedad hacía que subir las escaleras para acceder a dicha ubicación fuera algo eterno, digno de cualquier escalador de montañas.
“Flaco ¿adonde vas?, ahí no podés ir, ¡espera!”, dijo un tipo apenas pusimos un pie cerca de la platea. Barras de River Plate estaban en las instalaciones del club y a cambio de algunos pesos prometían una “excelente ubicación” en la San Martín. “¿Cuántos son?, juntame algunos pesos, lo que puedas y ese lugar es tuyo, vení que te lo muestro”. La persona en cuestión señalaba un lugar vacío y que en teoría prometía buena visión. “No se che, no tengo mucha guita, dejame ver cuanto junto y te aviso loco”, fue la respuesta ofrecida.
Finalmente desistimos de esa propuesta para nada tentadora y nos ubicamos a la derecha de la platea hallando buena visión de todas formas.
El calor agobiante hizo que los asistentes en dicha concurran durante más de dos horas y media a una sesión gratuita de sauna y solaruim. Pese a esto, algunos valientes se resistían a quitarse su remera negra que lucían como un trofeo de guerra.
El reloj marcaba las 19hs cuando se oyeron los primeros gritos de la tarde; un campo bastante poblado recibió con una gran ovación a Horcas. El grupo comandado por Walter Meza salió con su dosis de metal para levantar a todos los presentes.
Nacer para morir y Existir por existir, fueron las dos primeras canciones del set. El sonido no ayudaba mucho y desde la Platea San Martín, era muy difícil poder escuchar a la banda, la voz por momentos se perdía y la batería sonaba demasiado fuerte dificultando el sonido en general. Meza quiso dedicar Familia a todos los músicos que pasaron por Horcas. “¡Esta es la banda de Osvaldo Civile!, gritó su cantante para recordar al guitarrista quién se suicido en 1999.
Infierno, Argentina y Esperanza fueron la previa para finalizar el set. “!!!!Gracias Metallica por existir!!!!” gritó Meza y sonó Fuego.
Pese a las deficiencias de sonido Horcas había dejado a la gente en llamas; lo que venía era una presentación que desde el vamos tuvo más críticas que buenas respuestas.
Veinte minutos antes de las 20hs, León Gieco subió al escenario acompañado por su guitarra y su armónica para entonar La memoria, mientras una parte del público aplaudía al músico en señal de respeto, otra parte se mostraba con gran indiferencia.
Imposible de negar, la presentación de Gieco taloneando a Metallica nada tuvo que ver con la velada metalera, pero Gieco se plantó y supo bancarse la parada. Luego subió el grupo de Andrés Giménez, D-Mente para acompañar al músico en formato metalero. El sonido había mejorado levemente pero aún mostraba deficiencias, de hecho el primer minuto de La memoria no se escuchó. El fantasma de Canterville, La biblia y el calefón y El ángel de la bicicleta, fueron algunos de los temas que Gieco interpretó junto a D-Mente. Sobre el final del show Andrés Giménez intentaba contagiar al público para que formaran una ronda, pero la petición del músico no cundió efecto entre la multitud que se mantuvo estoica durante el set, incluso tras la salida del músico del escenario.
La ansiedad empezaba a carcomer a los presentes, cerca de las 20.15hs debajo de la inmensa tarima acompañada de rampas que usarían en algunos tramos del show los músicos de Metallica, una cortina se agitó un poco y llevada por un grupo de personas apareció la inmensa batería de Lars Ulrich y el público la recibió con aplausos.
Mario Pergolini anunciaba a las 10hs en una transmisión especial del programa ¿Cuál es?, que se emite por Rock & Pop FM 95.9 que los equipos de sonido e instrumentos de los músicos recién estaban llegando al estadio procedentes de Perú, donde el combo metalero dio por iniciada su gira latinoamericana el 19 de enero. Demasiadas cosas para hacer en menos de diez horas pensaba uno en su hogar mientras aguardaba la partida hacia el concierto.
Lo cierto es que en media hora se terminó de probar el sonido de cada instrumento correspondiente y para las 21hs ya el estadio estaba en plena ebullición para acudir a la presentación del último trabajo de Metallica Death Magnetic.
Diez minutos más tarde las luces se apagaron y todo estalló en un ¡¡¡Oooh!!!, una música de fondo empezó a sonar pero sobre el escenario nada sucedía. Falsa alarma, “¿Qué es esto que suena, Metallica?” preguntaban algunos confundidos por la situación. Lo único que se supo es que esa cortina sirvió para terminar de ajustar el sondo mientras cada una de las personas volvía a ocupar su respectivo lugar…
El sonido se cortó abruptamente y la multitud se mantuvo expectante, el grito de la gente ahora estaba justificado, a las 21.15hs empezó a sonar The ecstasy of Gold de Ennio Marricone acompañado por imágenes de la película El bueno, el malo y el feo que sirvió para que abrieran la jaula y las fieras salgan a escena; Metallica recibido con una ovación ensordecedora dio por iniciado el Death Magnetic Tour en Argentina de la mano de Creeping death para enganchar enseguida, For whom the bell tolls (ambas de Ride the Lightning del año 1984). James Hetfield peinado a la gomina, con sus brazos tatuados de punta y de impecable atuendo negro, no dejaba de sacudir su guitarra y recorrer cada punto del escenario cantando y mostrándose de esta forma muy activo durante todo el concierto.
Unos segundos después arremetieron con la excelente Wherever I may roam (este humilde redactor debe confesar que esperaba con ansias este tema). La guitarra base de Hetfield logró levantar el pogo en todo el estadio mientras la gente coreaba el clásico machaqueo de su guitarra. La noche estaba empezando y después de ese clásico del Black álbum habría muchas sorpresas más…
Harvester of sorrow, fue lo que siguió. Finalizado el mismo, el estadio se oscureció por varios segundos y James Hetfield apareció sobre la tarima por encima de sus compañeros con una guitarra acústica para dar los primeros acordes de Fade to black, los tres micrófonos sobre la tarima le permitían moverse allí arriba para retomar su guitarra eléctrica y acompañar a la de su compañero Kirk Hammet.
La primera de Death Magnetic fue The was just your life, pero la que generó el primer pogo magnético fue la segunda de ese disco The end of the line. Lo que esperaba el público eran los clásicos de antaño, nada de temas nuevos, pero estos eran cita obligada en la velada dada la presentación del disco en cuestión.
Es difícil saber si todos los presentes son conocedores del idioma inglés, pero ante cada palabra de Hetfield estallaban gritos y aplausos. Por parte de este cronista la idea fue mantener el pico cerrado desconociendo casi en su totalidad el idioma que la banda maneja. Lo cierto es que tras finalizar The end of the line, el cantante de Metallica pidió disculpas sobre lo sucedido en el año 2003 y que la idea era sanar lo sucedido.
“¡¡¡¿Están bien!!!?” repitió dos veces Hetfield en un castellano bastante claro, e inmediatamente sonó la potente Sad but true, para luego retomar la senda del último disco con Cyranide y All nightmare long, con luces rojas que iluminaban la cara de Hetfield dando un aspecto tétrico y misterioso a su figura ayudado por el timbre de su voz.
El estadio volvió a oscurecerse esta vez en su totalidad, había llegado uno de los momentos más esperado de la noche, los clásicos encendedores fueron reemplazados por las modernas cámaras digitales para registrar un verdadero himno de la banda, One. Lo flojo del tema se halló en cuanto al show pirotécnico que se ofrece segundos antes de iniciar la canción, las crónicas alrededor del mundo hablan de que los estadios suelen convertirse en verdaderos campos de batalla, pero en River no fue así. Tan solo unos fuegos artificiales que se desplegaron a la izquierda del escenario y algo de pirotecnia que explotaba desde el escenario mismo dejaron la sensación de que faltó ese condimento extra que suele ofrece One, así y todo nadie reclamó por ello dada la contundencia con la cual sonó el clásico de …And justice for all.
Cuando se pensaba que nada más sucedería, lo que muchos definen como la esencia del género thrash se hizo presente de la mano de Master of puppets; los primeros acordes desataron la locura de todos y allí el pogo se generalizó en todo el estadio.
La rabiosa Blackened fue la siguiente, con duelo de guitarras incluido, permitió que a los costados del escenario se lanzaran llamaradas que superaron el escenario y que a unos cincuenta metros del mismo lograran abrazar con su inmenso calor al público. El bajista Robert Trujillo, de musculosa y pantalón corto, mientras tanto se movía como a lo largo de todo el show como una bestia inagotable.
El final del show estaba al caer, sonaron dos temas que dan excelente resultado de la forma en que se combinan la dulce y conmovedora Nothing else matters y la excitante y aplastante Enter Sandman. Para Nothing else matters Hammet quedó sobre el escenario brindando un solo de guitarra mientras sus compañeros salían de escena solo unos segundos para después acoplarse a esa apacible canción. En Enter Sandman, la cámara se detuvo en un plano detalle sobre el diapasón de la guitarra de Hetfield. Lucía una púa en su mano derecha que movía lentamente frente a la cámara, la misma tenía el ataúd que ilustra la tapa del disco Death Magnetic y en su reverso se leía “Metallica”. El público estalló en aplausos y Hetfield hizo el gesto fuck you con su mano izquierda para iniciar la intro devastadora de Enter Sandman.
La banda salió del escenario pero el público no se movió, aún quedaban los bises para dar por finalizado el show. Minutos más tarde Metallica salió nuevamente a escena para arremeter con el cover de The Mistfits, Last caress y volviendo a su repertorio sonó la potente Whiplash.
Los músicos se apostaban para dejar el escenario pero la gente consideró que esto no debía ser así, mientras todos amagaban salir de escena, el baterista Lars Ulrich hacía señas de que el show debía terminar y que era hora de ir a dormir. La gente coreó “olé, olé, olé, Metallica”, durante minutos y Ulrich hacía señas de seguir tocando, uno, dos o tres temas, cada paso que enfilaba hacía la salida del escenario, era reprimido por el público.
Los presentes empezaron a reclamar el clásico Seek and destroy y los cuatro músicos se pararon desafiantes mirando a la multitud; Hetfield tomó el micrófono y pidió que encendieran las luces del estadio y mientras Lars tomaba los palillos de su batería, Hammet calzaba su guitarra y Trujillo su bajo, el cantante de Metallica dio el grito sagrado: “¡¡¡Seek and destroy!!!” y el estadio se volcó a la fiesta una vez más.
Era raro ver a Hetfield sin su guitarra corriendo por todo el escenario arengando a la gente, de hecho se aventuró a bajar del escenario y recorrer las vallas para ofrecer el micrófono a los fanáticos que no podía creer estar cantando junto a su ídolo. Una vez rescatado del mar de brazos, el músico pudo volver al escenario para ahora sí, tomar su guitarra y finalizar el tema.
Lo que quedó después fue algo para el recuerdo, finalizado Seek and destroy, la gente coreó a Metallica una vez más por varios minutos, mientras la banda se miraba entre si no creyendo tal ovación. Hetfield se quedó unos minutos más en escena y sus compañeros volvieron a salir una vez más, esta vez para regalar púas y palillos recorriendo todo el escenario y recibir la ovación de cada sector de la cancha durante más de diez minutos.
Metallica pasó por Argentina y dio una clase magistral de rock, saldó en gran parte lo sucedido en el año 2003 y en un show intenso de dos horas de duración demostró que no necesita de grandes escenografías para poder llevar a cabo su presentación, tan solo dos pantallas ubicadas a los laterales y una inmensa de espaldas a los músicos bastaron para la escenografía. Logró un sonido potente y por momentos devastador que fue festejado por la gente de principio a fin. Mostraron lo mejor de su repertorio, por algo omitieron Load/Re Load y St. Anger y tan solo tocaron cuatro temas de su último disco.
A la salida del estadio las caras de la gente mostraban una inmensa satisfacción, algunos habían tenido su revancha once años después luego de la fallida visita en el 2003 y la sensación de haber presenciado un show histórico se vivió desde el primer minuto en que se pisó el estadio, esa misma emoción aumenta con el correr de los días y es algo difícil de explicar, hubo que vivirlo para saber lo que se siente.
Maximiliano Ucotich

En el mes de noviembre cuando se confirmó la noticia, se desató una verdadera revolución; Metallica regresaba al país tras once de ausencia. Inmediatamente comenzaron las dudas sobre una suspensión del show a último momento. Cabe recordar que en diciembre de 2003, el grupo iba a presentarse en el estadio de River Plate y un comunicado emitido por la banda un mes antes de dicho concierto dejó a miles de fanáticos masticando bronca: “Metallica cancela gira Sudamericana”. ¿El motivo de la suspensión?: cansancio y agotamiento físico. Los vaivenes musicales (conflicto Napster) y el cansancio creativo del grupo eran evidentes, sumado a los conflictos internos que derivaron en el alejamiento de Jason Newsted en el año 2000, fueron un caldo de cultivo ideal para que cerca de 60 mil fanáticos argentinos con entrada en mano (y quien sabe cuantos en el resto de Sudamérica), vieran trunca la posibilidad de ver a Metallica en el año 2003.
Es verdad que el tiempo sana las heridas, quizás el jueves 21 de enero la lesión haya quedado casi repuesta, y cerca de 45 mil personas acudieron a River Plate para vivir una noche memorable que desmenuzaremos en las siguientes líneas.
Cerca de las 15hs con un termómetro que marcaba arriba de los 32 grados arribamos a la terminal de micros de La Plata en búsqueda de un boleto hacia el Infierno. El colectivo que nos depositaría en la Avenida Paseo Colón se hacía rogar, su chofer parecía tener todo el tiempo del mundo, tal es así que cuando lo vimos llegar nuestras caras se mostraron sonrientes, pero el tipo como si nada subió con otra persona y automáticamente cerró la puerta. Su acompañante estaba devorando un pancho y en su mano izquierda portaba un agua saborizada que a esa altura era lo más parecido al tesoro de un faraón egipcio. Luego de unos minutos el chofer abrió las puertas y cargados de expectativas nos acomodamos en los últimos asientos del Costera para hablar largo y tendido sobre lo que depararía el recital.
A la hora de descender, el chofer lanza una frase: “Metallica loco, ¡aguante!”, inmediatamente devolvieron gentilezas: “De una chabón, aguante”.
Quedaba ahora el tramo más complicado, luego de una hora con aire acondicionado y bastante comodidad dentro de ese transporte, nos esperaba el 130 (que nos depositaría en las inmediaciones del estadio) y mostraría todo lo opuesto: ventanillas abiertas al máximo para que entre algo de aire, asientos más pequeños y transito complicado. El viaje hasta el estadio fue bastante largo y ese trayecto se pudo disfrutar de las bondades que el paisaje capitalino propone: Canal 7, El Planetario, el finísimo Hotel Sheraton, El club de los amigos, “¿Porqué no existirá El club de las amigas?” dijo alguien por ahí y la respuesta fue que esa idea no estaba mal y hasta podía ser factible y por supuesto que en dicho paisaje no faltó lo más importante: las chicas lindas.
“Cuando veamos que el ambiente se pone negro (en alusión a las remeras) va a ser la hora de bajarnos”; dijo un acompañante, y es que parada tras parada las remeras de Metallica empezaban a ganar en intensidad y el color negro era condición sine-quanon para ir al concierto pese al agobiante calor que estaba haciendo.
“!Entrada en mano chicos¡”, gritaba uno de seguridad mientras nos acercábamos a los controles para el cacheo. Una vez superados los mismos accedimos a la Platea Alta San Martín. La ansiedad hacía que subir las escaleras para acceder a dicha ubicación fuera algo eterno, digno de cualquier escalador de montañas.
“Flaco ¿adonde vas?, ahí no podés ir, ¡espera!”, dijo un tipo apenas pusimos un pie cerca de la platea. Barras de River Plate estaban en las instalaciones del club y a cambio de algunos pesos prometían una “excelente ubicación” en la San Martín. “¿Cuántos son?, juntame algunos pesos, lo que puedas y ese lugar es tuyo, vení que te lo muestro”. La persona en cuestión señalaba un lugar vacío y que en teoría prometía buena visión. “No se che, no tengo mucha guita, dejame ver cuanto junto y te aviso loco”, fue la respuesta ofrecida.
Finalmente desistimos de esa propuesta para nada tentadora y nos ubicamos a la derecha de la platea hallando buena visión de todas formas.
El calor agobiante hizo que los asistentes en dicha concurran durante más de dos horas y media a una sesión gratuita de sauna y solaruim. Pese a esto, algunos valientes se resistían a quitarse su remera negra que lucían como un trofeo de guerra.
El reloj marcaba las 19hs cuando se oyeron los primeros gritos de la tarde; un campo bastante poblado recibió con una gran ovación a Horcas. El grupo comandado por Walter Meza salió con su dosis de metal para levantar a todos los presentes.
Nacer para morir y Existir por existir, fueron las dos primeras canciones del set. El sonido no ayudaba mucho y desde la Platea San Martín, era muy difícil poder escuchar a la banda, la voz por momentos se perdía y la batería sonaba demasiado fuerte dificultando el sonido en general. Meza quiso dedicar Familia a todos los músicos que pasaron por Horcas. “¡Esta es la banda de Osvaldo Civile!, gritó su cantante para recordar al guitarrista quién se suicido en 1999.
Infierno, Argentina y Esperanza fueron la previa para finalizar el set. “!!!!Gracias Metallica por existir!!!!” gritó Meza y sonó Fuego.
Pese a las deficiencias de sonido Horcas había dejado a la gente en llamas; lo que venía era una presentación que desde el vamos tuvo más críticas que buenas respuestas.
Veinte minutos antes de las 20hs, León Gieco subió al escenario acompañado por su guitarra y su armónica para entonar La memoria, mientras una parte del público aplaudía al músico en señal de respeto, otra parte se mostraba con gran indiferencia.
Imposible de negar, la presentación de Gieco taloneando a Metallica nada tuvo que ver con la velada metalera, pero Gieco se plantó y supo bancarse la parada. Luego subió el grupo de Andrés Giménez, D-Mente para acompañar al músico en formato metalero. El sonido había mejorado levemente pero aún mostraba deficiencias, de hecho el primer minuto de La memoria no se escuchó. El fantasma de Canterville, La biblia y el calefón y El ángel de la bicicleta, fueron algunos de los temas que Gieco interpretó junto a D-Mente. Sobre el final del show Andrés Giménez intentaba contagiar al público para que formaran una ronda, pero la petición del músico no cundió efecto entre la multitud que se mantuvo estoica durante el set, incluso tras la salida del músico del escenario.
La ansiedad empezaba a carcomer a los presentes, cerca de las 20.15hs debajo de la inmensa tarima acompañada de rampas que usarían en algunos tramos del show los músicos de Metallica, una cortina se agitó un poco y llevada por un grupo de personas apareció la inmensa batería de Lars Ulrich y el público la recibió con aplausos.
Mario Pergolini anunciaba a las 10hs en una transmisión especial del programa ¿Cuál es?, que se emite por Rock & Pop FM 95.9 que los equipos de sonido e instrumentos de los músicos recién estaban llegando al estadio procedentes de Perú, donde el combo metalero dio por iniciada su gira latinoamericana el 19 de enero. Demasiadas cosas para hacer en menos de diez horas pensaba uno en su hogar mientras aguardaba la partida hacia el concierto.
Lo cierto es que en media hora se terminó de probar el sonido de cada instrumento correspondiente y para las 21hs ya el estadio estaba en plena ebullición para acudir a la presentación del último trabajo de Metallica Death Magnetic.
Diez minutos más tarde las luces se apagaron y todo estalló en un ¡¡¡Oooh!!!, una música de fondo empezó a sonar pero sobre el escenario nada sucedía. Falsa alarma, “¿Qué es esto que suena, Metallica?” preguntaban algunos confundidos por la situación. Lo único que se supo es que esa cortina sirvió para terminar de ajustar el sondo mientras cada una de las personas volvía a ocupar su respectivo lugar…
El sonido se cortó abruptamente y la multitud se mantuvo expectante, el grito de la gente ahora estaba justificado, a las 21.15hs empezó a sonar The ecstasy of Gold de Ennio Marricone acompañado por imágenes de la película El bueno, el malo y el feo que sirvió para que abrieran la jaula y las fieras salgan a escena; Metallica recibido con una ovación ensordecedora dio por iniciado el Death Magnetic Tour en Argentina de la mano de Creeping death para enganchar enseguida, For whom the bell tolls (ambas de Ride the Lightning del año 1984). James Hetfield peinado a la gomina, con sus brazos tatuados de punta y de impecable atuendo negro, no dejaba de sacudir su guitarra y recorrer cada punto del escenario cantando y mostrándose de esta forma muy activo durante todo el concierto.
Unos segundos después arremetieron con la excelente Wherever I may roam (este humilde redactor debe confesar que esperaba con ansias este tema). La guitarra base de Hetfield logró levantar el pogo en todo el estadio mientras la gente coreaba el clásico machaqueo de su guitarra. La noche estaba empezando y después de ese clásico del Black álbum habría muchas sorpresas más…
Harvester of sorrow, fue lo que siguió. Finalizado el mismo, el estadio se oscureció por varios segundos y James Hetfield apareció sobre la tarima por encima de sus compañeros con una guitarra acústica para dar los primeros acordes de Fade to black, los tres micrófonos sobre la tarima le permitían moverse allí arriba para retomar su guitarra eléctrica y acompañar a la de su compañero Kirk Hammet.
La primera de Death Magnetic fue The was just your life, pero la que generó el primer pogo magnético fue la segunda de ese disco The end of the line. Lo que esperaba el público eran los clásicos de antaño, nada de temas nuevos, pero estos eran cita obligada en la velada dada la presentación del disco en cuestión.
Es difícil saber si todos los presentes son conocedores del idioma inglés, pero ante cada palabra de Hetfield estallaban gritos y aplausos. Por parte de este cronista la idea fue mantener el pico cerrado desconociendo casi en su totalidad el idioma que la banda maneja. Lo cierto es que tras finalizar The end of the line, el cantante de Metallica pidió disculpas sobre lo sucedido en el año 2003 y que la idea era sanar lo sucedido.
“¡¡¡¿Están bien!!!?” repitió dos veces Hetfield en un castellano bastante claro, e inmediatamente sonó la potente Sad but true, para luego retomar la senda del último disco con Cyranide y All nightmare long, con luces rojas que iluminaban la cara de Hetfield dando un aspecto tétrico y misterioso a su figura ayudado por el timbre de su voz.
El estadio volvió a oscurecerse esta vez en su totalidad, había llegado uno de los momentos más esperado de la noche, los clásicos encendedores fueron reemplazados por las modernas cámaras digitales para registrar un verdadero himno de la banda, One. Lo flojo del tema se halló en cuanto al show pirotécnico que se ofrece segundos antes de iniciar la canción, las crónicas alrededor del mundo hablan de que los estadios suelen convertirse en verdaderos campos de batalla, pero en River no fue así. Tan solo unos fuegos artificiales que se desplegaron a la izquierda del escenario y algo de pirotecnia que explotaba desde el escenario mismo dejaron la sensación de que faltó ese condimento extra que suele ofrece One, así y todo nadie reclamó por ello dada la contundencia con la cual sonó el clásico de …And justice for all.
Cuando se pensaba que nada más sucedería, lo que muchos definen como la esencia del género thrash se hizo presente de la mano de Master of puppets; los primeros acordes desataron la locura de todos y allí el pogo se generalizó en todo el estadio.
La rabiosa Blackened fue la siguiente, con duelo de guitarras incluido, permitió que a los costados del escenario se lanzaran llamaradas que superaron el escenario y que a unos cincuenta metros del mismo lograran abrazar con su inmenso calor al público. El bajista Robert Trujillo, de musculosa y pantalón corto, mientras tanto se movía como a lo largo de todo el show como una bestia inagotable.
El final del show estaba al caer, sonaron dos temas que dan excelente resultado de la forma en que se combinan la dulce y conmovedora Nothing else matters y la excitante y aplastante Enter Sandman. Para Nothing else matters Hammet quedó sobre el escenario brindando un solo de guitarra mientras sus compañeros salían de escena solo unos segundos para después acoplarse a esa apacible canción. En Enter Sandman, la cámara se detuvo en un plano detalle sobre el diapasón de la guitarra de Hetfield. Lucía una púa en su mano derecha que movía lentamente frente a la cámara, la misma tenía el ataúd que ilustra la tapa del disco Death Magnetic y en su reverso se leía “Metallica”. El público estalló en aplausos y Hetfield hizo el gesto fuck you con su mano izquierda para iniciar la intro devastadora de Enter Sandman.
La banda salió del escenario pero el público no se movió, aún quedaban los bises para dar por finalizado el show. Minutos más tarde Metallica salió nuevamente a escena para arremeter con el cover de The Mistfits, Last caress y volviendo a su repertorio sonó la potente Whiplash.
Los músicos se apostaban para dejar el escenario pero la gente consideró que esto no debía ser así, mientras todos amagaban salir de escena, el baterista Lars Ulrich hacía señas de que el show debía terminar y que era hora de ir a dormir. La gente coreó “olé, olé, olé, Metallica”, durante minutos y Ulrich hacía señas de seguir tocando, uno, dos o tres temas, cada paso que enfilaba hacía la salida del escenario, era reprimido por el público.
Los presentes empezaron a reclamar el clásico Seek and destroy y los cuatro músicos se pararon desafiantes mirando a la multitud; Hetfield tomó el micrófono y pidió que encendieran las luces del estadio y mientras Lars tomaba los palillos de su batería, Hammet calzaba su guitarra y Trujillo su bajo, el cantante de Metallica dio el grito sagrado: “¡¡¡Seek and destroy!!!” y el estadio se volcó a la fiesta una vez más.
Era raro ver a Hetfield sin su guitarra corriendo por todo el escenario arengando a la gente, de hecho se aventuró a bajar del escenario y recorrer las vallas para ofrecer el micrófono a los fanáticos que no podía creer estar cantando junto a su ídolo. Una vez rescatado del mar de brazos, el músico pudo volver al escenario para ahora sí, tomar su guitarra y finalizar el tema.
Lo que quedó después fue algo para el recuerdo, finalizado Seek and destroy, la gente coreó a Metallica una vez más por varios minutos, mientras la banda se miraba entre si no creyendo tal ovación. Hetfield se quedó unos minutos más en escena y sus compañeros volvieron a salir una vez más, esta vez para regalar púas y palillos recorriendo todo el escenario y recibir la ovación de cada sector de la cancha durante más de diez minutos.
Metallica pasó por Argentina y dio una clase magistral de rock, saldó en gran parte lo sucedido en el año 2003 y en un show intenso de dos horas de duración demostró que no necesita de grandes escenografías para poder llevar a cabo su presentación, tan solo dos pantallas ubicadas a los laterales y una inmensa de espaldas a los músicos bastaron para la escenografía. Logró un sonido potente y por momentos devastador que fue festejado por la gente de principio a fin. Mostraron lo mejor de su repertorio, por algo omitieron Load/Re Load y St. Anger y tan solo tocaron cuatro temas de su último disco.
A la salida del estadio las caras de la gente mostraban una inmensa satisfacción, algunos habían tenido su revancha once años después luego de la fallida visita en el 2003 y la sensación de haber presenciado un show histórico se vivió desde el primer minuto en que se pisó el estadio, esa misma emoción aumenta con el correr de los días y es algo difícil de explicar, hubo que vivirlo para saber lo que se siente.
Maximiliano Ucotich
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